Tras los pasos de El Padrino
Fanucci, jefecillo de La Mano Negra en la pequeña Italia del bajo Manhattan, firmó su sentencia de muerte el mismo día que mediante su coacción consiguió que el dueño de un comercio despidiese a uno de sus empleados, buen muchacho y predispuesto trabajador, que respondía al nombre de Vito Corleone. Desde el momento en que Vito (Robert De Niro) decide tomarse la justicia por su mano nace El Padrino. O tal vez antes, cuando el mismo Vito de niño tiene que huir de su pueblo natal, Corleone, mientras su madre intenta ganar tiempo para que el mafioso rural Don Ciccio que asesinó a su padre no acabe también con él, pues en esto de las muertes, con italianos por medio, siempre termina por imponerse la vendetta (venganza)
Pero puestos a buscar, habría que decir que El Padrino es obra del talento de Francis Ford Coppola, que apostó su vida, tanto como un hombre hecho de la Mafia, para sacar adelante el proyecto de la película. Asimismo, a nadie se le escapa que antes el escritor Mario Puzo dio vida a través de palabras a la saga de los Corleone. Sin Puzo no existiría esta historia de El Padrino que aún cautiva y crea fieles seguidores allí por donde se cuenta. Pero como bien dicho está, la realidad siempre supera a la ficción o, para ser exactos, la ficción no es otra cosa que una realidad camuflada, porque El Padrino es la historia resumida y hábilmente entrelazada del crimen organizado en América, la América de los sueños, que tenía una puerta de atrás que ventilaba más de la cuenta y dejaba pocas opciones a los grandes propósitos. Merece la pena, por tanto, intentar acercarse a las huellas que siguió El Padrino.
El primer Corleone
La llegada de Vito Corleone en 1917 a la isla de Ellis, donde iban a parar los inmigrantes antes de entrar a Nueva York, tiene una conexión directa con la llegada de un joven Giuseppe Battista Balsamo, que dejó su Sicilia natal a finales del siglo XIX para probar fortuna en la tierra de las oportunidades. Desde Ellis, rodeado de judíos procedentes de la Rusia zarista y polacos muriéndose de hambre, Battista Balsamo observó, como el niño Corleone, la isla de Manhattan desde la ventana, con la Estatua de la Libertad en el horizonte.
La Mafia mostró su verdadero rostro de crimen e impunidad a través de la organización conocida como La Mano Negra, la más antigua banda mafiosa italiana que se conoce en Estados Unidos y que estuvo enclavada en Nueva York. Battista Balsamo fue su líder, convirtiéndose en el gran primer Padrino de la Mafia del nuevo mundo. En parte, la vida de Vito tiene paralelismos con la de Battista Balsamo, ya que sería de los pocos padrinos en morir de viejo a los setenta y dos años en su misma casa de toda la vida con su esposa y rodeado de nietos. Battista Balsamo fue el encargado de liderar la primera gran guerra de las mafias en Nueva York cuando La Mano Negra, formada por italianos, se enfrentó a La Mano Blanca, organización irlandesa que impuso su imperio de terror en un territorio que abarcaba desde el puente de Brooklyn a la zona de los muelles de Red Hook y Greenpoint. Fue la época de los tiroteos callejeros sin piedad con la Thompson en la mano. Finalmente, La Mano Negra venció a La Mano Blanca hasta el punto de asesinar al jefe de los últimos, Wild Bill Lovett. El artífice de volar los sesos a Lovett fue Salvatore Altierri Dos Cuchillos, apodo que se ganó por portar dos cuchillos en unas fundas especiales que le permitían sacarlos con rapidez en caso de ataque.
Cinco familias y fruta con sabor a pólvora
Salvatore Maranzano, líder de la familia Bonano de Nueva York, fue quién organizó la estructura de la mafia neoyorkina a principios de los años 30. Al parecer, celebró un gran banquete en un restaurante de El Bronx donde reunió a los principales jefes de las mafias dispersas de la ciudad. En ese momento se veía como el más poderoso, al contar con el mayor número de soldados, y quiso cambiar las cosas. Maranzano se creía un emperador de la antigua Roma y presumía de coleccionar cientos de libros de Nerón, Tiberio o Calígula, entre otros. En el postre comunicó a sus invitados que había decidido dividir Nueva York en cinco familias, donde habría cinco generales al mando con poderes absolutos sobre sus legiones. Y todos respetarían al César, el Capo di tutti Capi. Fue en ese tiempo cuando La Mano Negra desapareció para siempre, y sus miembros fueron absorbidos por alguna de las nuevas familias.
El grupo descendiente del poder de Battista Balsamo terminaría por convertirse en la familia Gambino. En los cincuenta, uno de sus padrinos fue Albert Anastasia, que precisamente vería su final de manos de un Vito, el jefe de la familia Genovese, Don Vito Genovese. Anastasia siempre andaba conspirando para hacerse con el poder de otras familias, pero fue su odio a los delatores lo que le llevó a la muerte. Cuando se enteró por televisión que un joven sastre delató a la Mafia ante la policía ordenó que lo ejecutaran. Incumplió una de las leyes más sagradas de la Mafia: asesinar solo por negocios, nunca por capricho o cuestiones personales. Se lo dejaba en bandeja a Don Vito para dar el paso apoyado por el resto de familias.

Antes de acabar con Anastasia, los hombres de Don Vito se encargaron de su vicejefe, Frank Scalise. La muerte de Scalise no sólo ajustó cuentas pendientes sino que sirvió para inspirar mucho tiempo después una de las secuencias más recordadas de la historia del cine. Francis Ford Coppola utilizó esta historia para representar en un ejercicio de prodigio el atentado contra Vito Corleone (Marlon Brando) en mitad de Little Italy. La versión original cuenta que en un mes de agosto de 1957 el vicejefe de Anastasia se encontraba comprando fruta en su tienda preferida de El Bronx cuando dos hombres salieron por su espalda y le dispararon cuatro veces. En la pantalla, Corleone sobrevivió, pero en la calle Frank Scalise no corrió la misma suerte: una de las balas le entró por la garganta y murió en el acto.
Restaurante italiano
Vistos desde la distancia, es posible que Michael Corleone (Al Pacino) guarde paralelismo con el gran Charles Lucky Luciano, que llegó a convertirse en uno de los Padrinos más poderosos que ha conocido la Mafia italoamericana. Lucky Luciano fue un hombre inteligente y ambicioso que hizo del crimen organizado una verdadera fuente de dinero, dejando pequeño al mismísimo Al Capone de Chicago. Luciano, como Michael, tuvo que abandonar Estados Unidos e irse a Italia. Si bien Luciano fue deportado en 1945 y pasó el resto de sus días manejando los hilos de su familia desde tierras sicilianas, en la película Michael deja Nueva York en 1946 tras vengarse del atentado contra su padre y matar a Sollozo y McCluskey en el restaurante ‘Louis’, en el Bronx, aunque en realidad la escena se rodó en el antiguo restaurante ‘Luna’, que se encuentra en White Plains Road, justo al salir de Gun Hill Road, en el Bronx. Según parece, el dueño de verdad y su mujer hicieron de ellos mismos en la película.
La famosa escena tiene un punto en común con Lucky Luciano. Éste había decidido crear su propia facción dentro de la familia Genovese tras la famosa Guerra de los Castellammarenses y tenía claro que debía acabar con su propio jefe, Giussepe Masseria. Un día se reunieron a comer en un restaurante italiano de Coney Island, conocido por su buena cocina. Al final del almuerzo, Luciano pidió a su jefe permiso para ir al baño. Luciano se estaba lavando las manos, cuando de repente entraron cuatro hombres en el local armados de pistolas y sin pronunciar ni una sola palabra abrieron fuego contra Masseria.

Charles Lucky Luciano
Uno de los asesinados por Michael en el restaurante italiano es McCluskey, prototipo del corrupto jefe de la policía que se debe a la Mafia. Este policía que llega a resultar repugnante comiendo pasta podría en parte recordar a J. Edgar Hoover, primer director del FBI que siempre negó la existencia de la Mafia organizada y mantuvo estrechas relaciones con el capo Frank Costello.
Noche de las Vísperas Sicilianas
Cuando Lucky Luciano se convirtió en el nuevo jefe de la Mafia neoyorkina ordenó asesinar en un plazo de cuarenta y ocho horas, a partir de las 14:30 del diez de septiembre, a sesenta y dos mafiosos que conformaban varias líneas de poder en Estados Unidos. El trabajo se lo encomendó a su grupo especial de Asesinos S.A., formado por sus ejecutores más leales.
Jimmy Marino fue asesinado en un bar de El Bronx; Louis Russo, en una barbería de Brooklyn; Sam Monaco, mientras se cepillaba los zapatos en un café de Florida, y así un largo etcétera. A aquellos días de sangre y fuego, los detectives de homicidios del Departamento de Policía lo bautizaron con el nombre de la Noche de las Vísperas Sicilianas, que marcaría asimismo el comienzo del poder de Lucky Luciano.
Otra de las secuencias más recordadas de El Padrino posiblemente está inspirada en este hecho. El bautizo de Michael Francis Rizzi, hijo de Connie, hermana de Michael, no puede por menos que enlazarse con la Noche de las Vísperas Sicilianas.
Cosa Nostra
Las cumbres de la Mafia se han celebrado siempre para resolver asuntos entre familias o encaminar los negocios a los tiempos. En El Padrino se pone especial atención a la reunión de mafiosos en La Habana. Allí, en la terraza de un hotel de lujo, los jefes del crimen organizado de Estados Unidos se reparten el pastel de los negocios de la isla, en el cumpleaños de Hyman Roth (Lee Strasberg). La Habana es también el escenario donde Michael da el beso de la muerte a su hermano Fredo con la entrada del nuevo año. La cumbre de La Habana sucedió realmente un 22 de diciembre de 1946. En el Hotel Nacional, todos los grandes líderes de las principales familias de Estados Unidos se reunieron. Lucky Luciano fue nombrado Capo di tutti Capi, jefe de todos los jefes, y el sentenciado a muerte fue Benjamín Bugsy Siegel, que fue de los miembros más importantes de la familia Genovese, liderada por Luciano.
Al parecer el personaje de Hyman Roth está basado en el famoso gangster judío Meyer Lansky, que fue el más estrecho colaborador de Luciano y una de las mentes más cualificadas para el negocio. La leyenda de ambos cuenta que Luciano de niño se dedicaba a pegar a otros chavales más pequeños con el fin de ofrecer después protección. Con Lansky nunca lo consiguió. Lansky se cruzaba de acera para pegarse con Luciano, aunque este último era más fuerte y mayor. Terminaron por hacerse amigos cuando Luciano sacó de una pelea a Lansky con unos jóvenes irlandeses.

Los paralelismos de la historia de El Padrino y la historia de la Mafia en Estados Unidos y, más concretamente, Nueva York, son numerosos. Los de aquí son sólo unos pocos que permiten acercarse a esta obra maestra del séptimo arte, imperecedera, posiblemente, como la misma Cosa Nostra, que siempre está presente de alguna manera. La fascinación que provocan las historias de la Mafia es inexplicable, pero cierta. Para los amantes de estas historias, siempre queda revisar sagas como El Padrino, o series que van a la zaga con gran honor como Los Sopranos. Por cierto, si alguien duda que todo lo anterior escrito no demuestra que en esta historia la ficción y la realidad van de la mano, entonces, que asegure que Junior Soprano (derecha), tío de Toni Soprano, no se parece a Carlo Gambino (izquierda), de los más poderosos jefes de la historia de la Mafia. Juzguen ustedes.



Este local, con apenas capacidad para 300 personas, guardaba en su interior un irrepetible muestrario de graffitis y pegatinas que cubría todo el garito de arriba a abajo. Incluso sus baños graffiteados llegaron a convertirse en símbolo de la anarquía que reinaba en sus años más locos. Cada grupo o cantante que pasaba por allí dejaba siempre su firma en la pared. No había impedimentos. Era el refugio de la libertad creativa, la misma por la que el rock volvió a insuflarse de vida en los setenta, y por la que el bueno de Hilly Kristal programó conciertos de bandas que no concordaban con sus gustos personales.



Eran días en los que la gente se agolpaba diariamente en las aceras porque no entraba ni un alma en el interior del local. El periódico alternativo Village Voice, nunca indiferente a la calle, lanzó un artículo refiriéndose al CBGB como “la casa del nuevo estilo del rock”, mientras que otros medios del prestigio del New York Rocker, Soho Weekly News, Rolling Stone, Crawdaddy o Creem empezaron hacerse eco de los sonidos procedentes del East Village. El CBGB estaba situado en mitad del mapa del nuevo rock.
Un álbum dio nombre a aquel movimiento, Blank Generation (1977). La generación vacía de la que hablaba Richard Hell, tras abandonar Television y los Heartbreakers y seguir en solitario con los Voidoids, sería a la postre el caldo de cultivo del punk. Como sus compañeros de escenario, Hell resumía musicalmente influencias del garage de los sesenta, los primeros Stones y los Stooges, mientras descargaba con estribillos pegadizos y piezas urgentes reflexiones desarraigadas de esos años por las calles de la Gran Manzana.





